¿Aluminio o carbono?     por Josetxo Errondosoro

Polémicas aparte, es innegable que hoy en día los fusiles de gomas se han impuesto a los de tipo neumático en el mercado mundial, tanto para pescar pequeñas presas en el litoral como para capturar grandes ejemplares en el azul. Pero, a pesar de este liderazgo, los conceptos de su diseño evolucionan muy despacio. Una de las últimas tendencias en el mercado son los tubos de carbono, con los que se pretende mejorar la precisión de tiro obtenida con los de aluminio. A lo largo de este artículo procuraremos desvelar en qué medida se consigue este propósito.

En otros tiempos, la pesca era muy abundante y apenas se prestaba atención a las armas empleadas. En nuestras costas, la pesca al agujero era la técnica que mejores resultados daba, tanto en competición como en una salida normal, pues los peces, a la primera señal de alarma, corrían a refugiarse de forma estable en sus refugios y resultaba fácil capturarlos. En la actualidad, excepto en las competiciones, donde muchos deportistas, cada vez mejor entrenados, se sumergen a unos ritmos de vértigo haciendo mucho ruido, cuando se acosa a un pez raramente corre a refugiarse de manera estable a un agujero. En consecuencia, el pescador a tenido que adaptarse, y el acecho y la espera, con sus diferentes variantes, son técnicas que cada vez se emplean más por sus buenos resultados. Este cambio en el comportamiento de los peces, y también su disminución en número y en tamaño, ha tenido otra consecuencia: la necesidad de evolucionar las armas empleadas para capturarlos.

BUSCANDO EL FUSIL IDEAL

Evidentemente, no existe un arma ideal para todas las ocasiones, aunque, dependiendo de la zona de litoral en la que pesquemos y de la época del año, unas armas son más polivalentes que otras. De todas formas, cualquiera de ellas debería cumplir con cinco requisitos básicos: ante todo, deben ser seguras de emplear, precisas, con un buen alcance, bien equilibradas y fáciles de manejar. De estos cinco requisitos hay uno que es motivo de muchas cábalas y conjeturas, muchas de ellas sin demasiados fundamentos técnicos: estamos hablando de la precisión. No creo exagerar cuando afirmo que, con lo que hoy en día cuesta capturar un buen pez, todos los pescadores soñamos con disponer de un arma que nos permita alcanzar blancos que estén a tres o cuatro metros de la punta de nuestra varilla; pero no de una forma casual, en un disparo de fortuna, sino con la certeza de que técnicamente estamos perfectamente equipados para realizar la captura. Por todo ello, los pescadores cada vez damos más importancia a la precisión de nuestros fusiles, aunque todavía es muy difícil obtener información objetiva al respecto. La intención de éste artículo es llenar ese vacío informativo abordando este espinoso asunto desde un punto de vista rigurosamente objetivo.

VÁMONOS DE COMPRAS

Si hacemos un recorrido por nuestro mercado, nos daremos cuenta de que estamos viviendo una época en la que los nuevos materiales (plásticos de todo tipo, fibra de carbono y de vidrio, kevlar,...) están siendo utilizados en muchos de los productos que necesitamos, y que los fusiles no han escapado a esta moda, aunque, en esencia, no ha habido una gran evolución en su diseño básico. Echando un vistazo a los catálogos que nos ofrecen los fabricantes, y si evitamos la tentación de tratar de entender la "tecno-jerga" que también está de moda utilizar, inservible en muchos casos, observaremos que todos ellos ofrecen la alternativa de los tubos de carbono como una opción que mejora las prestaciones en precisión de los clásicos tubos de aluminio, pues son más rígidos, haciendo hincapié, además, en que son más ligeros. Hemos tomado, pues, estos dos argumentos y los hemos analizado teórica y prácticamente para tener una opinión sólida al respecto, que no sólo es importante desde el punto de vista puramente físico, el de las prestaciones, sino que también lo es desde el económico, porque, claro está, el precio está en función de lo que se espera del producto.

EL PRIMER ARGUMENTO: EVITAR LA FLEXIÓN DEL TUBO

Tal como podemos observar en la figura 1, si tomamos un tubo de fusil y le soldamos dos largas palancas, es sencillo apreciar, incluso intuitivamente, que, para obtener una flexión determinada de un tubo de una longitud fija, cuanto más largas sean las palancas menores serán las fuerzas necesarias. También, podemos afirmar con el mismo argumento que, a una misma longitud de palanca y con una misma fuerza, un tubo más rígido se deformará menos. Veamos ahora cómo se traslada esta situación a un fusil, y para ello debemos observar la figura 2. El tubo de un fusil cargado, por la fuerza que ejercen las gomas sobre el cabezal y sobre el mecanismo de disparo a través de la varilla, tiende a combarse por su centro debido a los momentos de flexión que se ejercen sobre él. La flexión dependerá de la rigidez del tubo y de las distancias d1 y d2 (longitud de las palancas). Ahora, ya tenemos dos factores a valorar, pero ¿cómo puede todo esto afectar a la precisión de tiro? Cuando empuñamos un fusil cargado, y si teóricamente consideramos que éste permanece rígidamente fijado a nuestra mano, de forma que no le afecte ningún otro fenómeno, cuando apretemos el gatillo liberamos al tubo del fusil del esfuerzo que lo deforma, y éste tenderá a retornar a su posición original de reposo, totalmente recta. Entonces, sucede que, como tenemos una parte del tubo fija, la que corresponde a la culata, la otra, la del cabezal, tiende a bajar. Esto hace que la varilla pierda el apoyo del cabezal y que, en consecuencia, pueda provocar una imprecisión en su trayectoria. En resumen, al menos en teoría, si reducimos la flexión del tubo, fabricándolo de un material más rígido (carbono) o reduciendo las distancias d1 y d2 (cabezales y mecanismos de disparo), obtendremos mayor precisión.

SOLUCIONES DEL MERCADO

Los fabricantes han abordado el problema por ambos frentes. Algunos han optados por ofrecer los mismos productos cambiando el tubo de aluminio por uno de carbono, y otros, además de ofrecer el nuevo tubo, han rediseñado sus cabezales, rebajando el brazo de la palanca d1. Veamos los resultados obtenidos.

PLANTEAMIENTO DE LAS PRUEBAS

Para hacer las pruebas, varios fabricantes nos cedieron sus fusiles, catorce en total, la mitad con tubo de aluminio y la otra mitad con tubo de carbono. La medida escogida es poco habitual: sobre los 110/115 cm. El motivo de esta elección es porque en estas medidas se manifiestan con más nitidez las virtudes y defectos de un fusil, y porque, además, son en teoría la solución óptima para realizar una captura lejana. Para hacer un análisis rigurosamente objetivo, la primera tarea ha sido olvidarnos de todas las ideas preconcebidas y medir todos los parámetros de los que estamos hablando. En consecuencia, la primera pregunta que debemos responder es: ¿son realmente los tubos de carbono más rígidos que los equivalentes en aluminio? Y la segunda: ¿hay una relación directa real entre la rigidez del tubo y la precisión del fusil? Responder a estas dos cuestiones, tan breves y simples de enunciar, nos ha llevado un año de investigación, durante el que hemos construido varios bancos de ensayos y hemos realizado cientos de pruebas. Esperemos que los resultados sean de vuestro interés.

LA DEFORMACIÓN DE LOS TUBOS

El punto de partida obligado era saber si de verdad los tubos de carbono eran más rígidos, y para ello diseñamos el primer ensayo. Sobre una bancada, colocamos dos apoyos mecanizados a una determinada distancia, y en medio instalamos un soporte con un medidor de desplazamientos. La idea es poner el fusil descargado sobre los soportes de forma que el tubo toque sobre el medidor y ajustar a cero éste. Después, se carga el fusil y se vuelve a colocar sobre los soportes: la indicación del medidor será la magnitud de la deformación que estamos buscando. Para someter a los fusiles al mismo esfuerzo, los hemos cargado con una misma goma, que siempre se ha estirado igual merced a usar un obús ajustable. Para valorar mejor los resultados, hemos tomado el dato de flexión a los cinco minutos de cargar el fusil; así damos tiempo para que se estabilice la fuerza de las gomas. También, para garantizar la calidad de los datos, se han repetido varias veces las pruebas alterando el orden con el que los fusiles eran probados. Así, podemos afirmar que los datos se han repetido consistentemente, y que, menos en un caso en el que tubo de carbono ha resultado un 17% menos rígido que el de aluminio, se ha demostrado que se cumplen las expectativas de mejorar la rigidez.

RELACIÓN ENTRE LA RIGIDEZ Y LA PRECISIÓN DE TIRO

Ahora llegaba la parte más delicada del trabajo. Queríamos que las pruebas fueran realizadas en condiciones reales, pero hacerlas de forma correcta en el agua y obtener datos objetivos, sin la intervención del factor humano, estaba fuera de nuestro alcance. Por eso decidimos hacerlas en tierra, haciendo disparos contra un sólido blanco en un ambiente totalmente controlado por seguridad y medios técnicos. Sabemos que los resultados no serán idénticos, pues la densidad del agua ofrece mucha más resistencia a cualquier tipo de movimiento, pero estamos seguros de que serán proporcionales a los reales. En cualquier caso, aún debiendo tomarse de forma totalmente orientativa, serán los primeros datos que hayamos visto nunca que hablen de este tema. Sería largo explicar cómo se ha construido el banco y cómo se han verificado los disparos, pero, podemos mencionar que la idea principal ha sido aislar el efecto que nos interesaba para estudiar su repercusión en la precisión. Como veremos someramente más adelante, al liberar la energía almacenada en las gomas, además de la flexión del tubo, hay varios fenómenos, como el retroceso y los diferentes momentos de giro, que afectan a los resultados, pero a nosotros por ahora sólo nos interesa el primero. Para conseguirlo, fijamos el fusil en una bancada, mediante un sistema de amarre que sujeta el tubo sólo por su parte más cercana a la culata, y así hicimos los disparos. Con cada fusil, sin modificar nada respecto a lo que nos fue entregado por el proveedor, se han completado cuatro dianas de cinco disparos a cinco metros. Los resultados mostrados en las correspondientes tablas, son los obtenidos en las mejores dianas de cada fusil, y significan la distancia media entre el disparo más centrado y el resto. Como podréis ver en las fichas técnicas, en general, los tubos más rígidos han dado mejores resultados, excepto en el caso de los fusiles DEMKA, que al no fabricar tubos de aluminio de 110 nos ha suministrado uno de 100 y esto hace que las medidas no puedan ser comparadas directamente. De todas formas, las diferencias entre los fusiles de la misma marca no han sido excesivas, quedándose en todos los casos en diferencias medias inferiores a 20 milímetros.

EL SEGUNDO ARGUMENTO: LA LIGEREZA DEL CARBONO

Ante todo, no debe confundirse la ligereza de un fusil en tierra con la que tendrá debajo del agua. No voy a enunciar el Principio de Arquímedes, pero lo que parece pesado en tierra puede no serlo en el agua, todo dependerá de la relación entre el peso y el volumen del objeto sumergido. Para un pescador submarino, el fusil debe tener una flotabilidad neutra; de otra forma, tendrá que estar haciendo fuerza constantemente para corregir la diferencia de flotabilidad, y a la larga le producirá una fatiga innecesaria. En consecuencia, la ligereza terrestre sólo puede tener alguna pequeña ventaja para transportar los fusiles pero es un dato negativo por el innecesario incremento de flotabilidad y por el efecto que vamos a tratar más detenidamente a continuación: el retroceso.

ES HORA DE HABLAR DEL RETROCESO

Antes de entrar en un breve, pero imprescindible, enunciado físico, quiero hacer notar lo que sucede cuando instalamos unas gomas más potentes en nuestro fusil. El cambio nos exige sujetarlo más firmemente pues la "patada" que recibimos a través de la culata aumenta. Se dice entonces que el fusil tiene más retroceso. La Ley de la Conservación de la Energía, aplicada al caso, dice que si impulsamos una varilla de masa M1 a una velocidad V1, el resto del fusil, de masa M2, saldrá impulsado en sentido contrario a una velocidad V2. Resumiendo, tenemos que: el producto de la masa de la varilla por su velocidad es igual al producto de la masa del fusil por la suya. Con un ejemplo práctico será más sencillo valorar los efectos del retroceso. Pongamos que tenemos un fusil cargado flotando libremente entre dos aguas: la varilla pesa 400 gr y el fusil de 900 gr (la relación entre el peso del fusil y el de la varilla es de 900/400=2'25). Si en las mencionadas condiciones se produce un disparo, sin que nadie sujete el fusil y suponiendo que el retroceso es rectilíneo, y la varilla sale lanzada en un sentido a 100 Km/h, el fusil lo hará en sentido contrario a una velocidad 2'25 veces inferior, es decir, a 44 Km/h Ahora, cambiemos de fusil y utilicemos un modelo de las mismas características pero con un tubo más ligero, pongamos que pesa 800 grm (la relación entre el peso del fusil y el de la varilla es de 800/400=2). En estas condiciones, para lanzar la varilla a 100 km/h el fusil retrocede a 50 Km/h, es decir, que tiene un retroceso aproximadamente de un 13% más. En la práctica, el pescador sujeta el fusil por la culata, y absorbe este retroceso añadiendo a la masa del fusil parte de la masa de su cuerpo, dependiendo de la técnica de tiro, pero el fenómeno es muy relevante y tiene una implicación directa en la precisión de los disparos. Así, podemos decir que a mayor retroceso más problemas vamos a tener para hacer un buen tiro, pues, además de la pérdida de velocidad absoluta de la varilla, las posibilidades de mover el fusil aumentan. Llegados a este punto, y para sentenciar definitivamente el asunto, pongamos el ejemplo de lo que sucede con los grandes fusiles para pescar en el azul, que tienen fama de ser potentísimos, muy precisos y de poco retroceso. Para lanzar una pesada varilla de 1'5 Kg., el fusil puede pesar hasta 15 Kg, lo que da una relación de 15/1'5=10, muy lejos de los 2 ó 2'25 que tienen habitualmente nuestros fusiles. Para conseguir esta relación, el fusil es lastrado con plomo a la vez que su flotabilidad es aumentada con flotadores hasta conseguir que ésta sea neutra. Definitivamente, en el caso que nos ocupa: ligero es contrario a preciso.

OTROS FACTORES MUY RELEVANTES

En realidad, cuando cargamos un fusil no se deforma sólo el tubo: las uniones entre el cabezal, el tubo y la pistola también flexan, consumiendo así parte de la energía que debería servir para impulsar la varilla. Algunas firmas han mejorado estas pérdidas fabricando el cabezal y la culata en materiales más duros, consiguiendo, además, añadir una poco más de masa al fusil. Pero para los importantes efectos que vamos a estudiar a continuación, vamos a suponer que toda la energía almacenada al estirar las gomas se aprovecha para impulsar la varilla. Realmente, en el ejemplo que hemos puesto en el párrafo anterior, si se disparara un fusil normal, es decir, con el eje de amarre de las gomas al cabezal por encima del eje del tubo, que estuviera libre de toda sujeción, éste no sólo retrocedería sino que, además, giraría (el cabezal para arriba y la culata para abajo). Esto es debido al momento de giro que se da en la zona del cabezal, tal como se puede ver en la figura 3. En síntesis, las gomas tiran del cabezal y, por reacción, el tubo, como hemos explicado antes, tiende a hacer fuerza en dirección contraria. Este par de fuerzas no están aplicados sobre el mismo eje, sino que lo están separadas por una distancia d1. El momento generado es el causante de este giro. Pero ahí no acaba todo. Si ahora sujetamos el fusil, se genera otro momento de giro que viene a sumarse al primero, pues la fuerza ejercida por el retroceso del fusil y la fuerza que opone la mano tampoco tienen la misma alineación (figura 4). Con todos estos ingredientes, entenderemos mejor por qué los fusiles clásicos no funcionan bien, sobre todo cuando son muy largos. El giro mencionado se da cuando todavía la varilla está corriendo a través del cabezal, y sucede que, antes de salir del todo, el cabezal toca su cola haciendo que se desvíe hacia abajo (figura 5). Este fenómeno es mucho más importante que el analizado de la rigidez del tubo, y el resultado es que la precisión de tiro es una ruina en nuestros fusiles largos clásicos.

ALGO ESTÁ CAMBIANDO

Algunos fabricantes han reducido el momento de giro del cabezal disminuyendo la distancia entre el eje de las gomas y del tubo, y otros lo han eliminado modificando el diseño de éstos y han amarrando las gomas alineadas al eje del tubo (si d1=0, no hay momento). Pero, a mi juicio, estos últimos no han completado el trabajo, pues no han dotado al tubo de guía integral y los apoyos intermedios no sirven para gran cosa, como he podido comprobar después de hacer muchos disparos. Esto ha sido muy evidente en los fusiles Sporasub con cabezal Sniper, pues la varilla sale con un vuelo muy extraño y golpea al blanco totalmente inclinada. De paso, va marcando el tubo en varios puntos. Algo parecido sucede con el fusil Demka, que también marca el tubo y cuyo potentísimo disparo sale muy alto. Sin guía integral, y con la fuerza ejercida por las gomas inclinada respecto al eje de la varilla, ésta tiende a apoyar el talón sobre el tubo y a usar el cabezal de trampolín, con las mencionadas consecuencias. Aquí también podríamos mencionar los grandes fusiles de pesca en el azul para ver cómo han abordado estos problemas. Ya hemos hablado de cómo solucionan el retroceso, y nos quedan los momentos de giro. El momento del cabezal ha sido eliminado alineando la reacción de las gomas al eje del tubo, usan guía integral, y palian o eliminan el momento de la culata al sujetar el fusil por su talón, que está alineado con el eje de la fuerza de retroceso. Evidentemente, nuestras necesidades son otras, pero es interesante observar las diferentes soluciones.

DETALLES IMPORTANTES

Podríamos hablar todavía de muchas cosas, pero no tenemos suficiente espacio y nos vamos a conformar con hacer un rápido repaso de otros factores que también son importantes. Ya tendremos ocasión de hablar en otros artículos de la técnica de tiro, de la rigidez de las varillas y de la sensibilidad de los gatillos, pero mínimamente es conveniente tenerlos en mente. Una varilla poco rígida vuela mal (vibrando o girando ostensiblemente) lo que limita su alcance y condiciona su precisión. El otro factor, al que personalmente le doy mucha importancia, es la sensibilidad de los gatillos. Dando por supuesto que todos los gatillos del mercado son seguros, un gatillo muy duro y de mucho recorrido afectaría de forma notable a la precisión de los disparos, pues cuanta más fuerza se deba ejercer sobre él más posibilidades de mover el fusil existen, y cuanto más recorrido el tiempo de respuesta será superior: la suma de los dos factores puede afectar mucho, sobre todo, cuando se hacen disparos a piezas en movimiento. Y, por último, está la técnica de tiro, un asunto que merece una mención especial pero que trataremos en otro momento.

UNA APRECIACIÓN MÁS

A estas alturas, alguien se preguntará cómo es posible que, con tantas consideraciones, un pescador acierte a dar en el blanco. Es una cuestión interesante. Acertamos no porque estas armas largas sean muy precisas sino porque normalmente hacemos los disparos a distancias no muy lejanas y, sobre todo, porque disponemos del mejor sistema de corrección de errores conocido: nuestro cerebro. Ahí se procesan todos los errores y se hacen todas las correcciones necesarias para que podamos conseguir nuestro objetivo, sólo que sería deseable ponérselo más fácil, pues seguro que con armas más precisas los periodos de adaptación serían mucho menores.

REFLEXIONES

La precisión de los disparos es más el resultado de un análisis detallado de todos los factores y de un correcto diseño de las armas que el del empleo de un material milagroso, que, en el mejor de los casos, puede paliar algunos problemas pero que genera otros. Creo que ha estas alturas del artículo os habréis dado cuenta que estamos hablando de un asunto difícil. Los deportistas de alto nivel conocen bien estos problemas, pues se han tenido que enfrentar a ellos a menudo. Aquí deberíamos mencionar, por ejemplo, lo difícil que fue para los miembros de la selección española adaptarse a las particularidades del último Campeonato del Mundo de Tahití, donde se sumaban todos los factores necesarios para necesitar imperiosamente unas armas con mucho alcance y muy precisas. Al final, quedó demostrado que fueron capaces de adaptarse, después de sufrir lo suyo, y obtuvieron un éxito deportivo rotundo, pero es seguro que les hubiera resultado mucho más sencillo si sus armas hubieran estado perfectamente diseñadas. En mi opinión, analizando objetivamente todos los datos, no hay diferencias funcionales significativas entre los fusiles de tubo de aluminio y los de tubo de carbono, pero, en cualquier caso, los diseños actuales funcionan bien en medidas de tubo inferiores a un metro.

1.-Cuando la flexión es un verdadero desastre

Creo que hemos demostrado cómo afecta la flexión del tubo a la precisión, pero hay en algunos casos en los que este factor puede llegar a provocar unos disparos realmente desastrosos. Hasta ahora, durante nuestras pruebas, en unas condiciones de tiro normales, la varilla no llega a chocar con el cabezal cuando el tubo recobra su posición rectilínea, a lo sumo pierde durante unos instantes el apoyo que le ofrece. Pero, ¿qué sucede cuando ponemos una goma más en el fusil? Pues que, además del retroceso salvaje de un fusil tan ligero, el tubo se habrá combado en exceso, y, cuando recupere su posición, hará que la varilla choque con el hueco de salida del cabezal, produciendo una gran merma en su velocidad de salida y en su precisión.

2.-Giorgio Dapiran: El Maestro

Este gran pescador, un auténtico ídolo en Italia, es merecedor de una mención especial. Sus estudios técnicos, sus realizaciones de vídeo (auténticas obras maestras, a mi juicio), unidos a su experiencia, a una gran capacidad de análisis y a una especial capacidad para transmitir sus conocimientos, lo convierten en un auténtico punto de referencia. Para saber mucho más y disfrutar aprendiendo, os recomiendo que visitéis su página Web (www.dapiran.it). No os defraudará.

Josetxo Errondosoro


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